Capítulo II
El Último Domingo.
- A la puta! Que te gustaría que te arrancaran los pelos de la cabeza, al animalito hay que tratarlo con cuidado
Airado había reprimido a su hijo el mayor Sigüenza porque aquel al levantar a uno de los gallos de pelea del militar lo tomo por la cola de manera tan brusca que le arranco dos plumas de la misma, Chalo recordaría ese último domingo que acompaño al mayor a la cancha de gallos ayudándole a cargar con dichos animales; la pelea de gallos para quien nunca ha tenido la suerte de presenciar una, consiste en soltar dos gallos en un ruedo demarcado por tablones de un metro de altura con aproximadamente cinco metros de diámetro y piso de polvo, los gallos para quien no está consciente de esto nacieron para pelear, cuando alcanzan la madures abandonan los juegos propios de pollos y la tan sola presencia de otro macho impulsa su instinto a la pelea a muerte, hay quien tiene la idea de que son los hombres quienes los entrenan con el fin de convertir en maquinas de guerra a los de otra manera mansos seres, nada más alejado de la realidad para quienes sinceramente parecen ser hijos propios del dios Marte, la realidad pugilística de estas criaturas se demuestra de manera aun más clara al ver incluso gallinas peleando entre ellas en no pocas ocasiones; la pelea a la que Chalo acompaña a su padre es propia de los domingos por la tarde en San Miguel y el mayor Sigüenza es regular del selecto grupo de varones que atienden esta cita dominical, Chalo es el ayudante de su padre en estos menesteres desde los cinco años por designación directa del mismo, el mayor no imagina ni imagino nunca que el niño de hecho acude religiosamente al improvisado palenque desde antes de cumplir los cuatro, pues desde siempre le intrigo que haría el padre los domingos con los machos de las gallinas envueltos en petates amarrados en los dos extremos por una pita de cáñamo que hace las veces de cabestrillo para hacer más fácil el cargar a las aves cual si en lugar de una de estas se llevara un maletín, Chalo acude en una de esas ocasiones empujado por la curiosidad persiguiendo al mayor al palenque y lo que ve ahí lo emociona, se da cuenta de que los gallos sirven más que para machucar gallinas, que también pelean, al crio le atrae el baile que se produce de la pelea y encuentra a los animales muy “hombres” pues no se ahuevan a la hora de topar entre ellos; desde ese día, Chalo se convierte en fanático de la pelea de gallos y dicho gusto le durara toda la vida.
Cuando el mayor Sigüenza le comunica a su hijo un domingo cualquiera que ese día le acompañara al palenque porque ha decidido llevar cuatro “loras” y solo tiene tres petates, al niño se le ilumina la cara, en si Chalo tendrá buenos recuerdos de su padre, ese primer domingo que le acompaña a la pelea de gallos, las veces que el mayor le abrazaba y le daba mordiscos cariñosos en las orejas y cuando le miraba orgulloso jugar futbol frente a su casa en partidos de barrio donde Chalo se cansaba de meter goles con ambas piernas, nunca entendió Chalo el porqué algunos futbolistas solo son capaces de pegarle al balón de manera correcta con una de sus piernas, para el que es ambidiestro, el golpeo de balón con ambas piernas es lo más fácil del mundo y cuando lo explicaba a alguien que no era capaz de hacerlo simplemente decía, “hace con la pata mala, lo que haces con la pata buena” y le pegaba a una pelota imaginaria con ambas de sus dotadas piernas, de hecho Chalo nunca pensó en los jugadores que solo eran capaces de usar una de sus piernas como buenos futbolistas, este criterio lo mantendrá toda la vida al punto que muchos años después cuando haciendo uso de la maravilla de la televisión contemplo a Maradona se refería a este como “un enano que no es capaz de pegarle con la derecha”, en ese sentido en cuanto a la discusión eterna de quien es mejor si Pele o Maradona, Chalo se decantaba siempre por el Brasileño por lo que para otros puede ser una simple apreciación, que Pele le pegaba con las dos patas, sin embargo su preferencia por Pele en esta particular disputa, siempre pensó que en cuanto al título de mejor jugador, este no le pertenecía al carioca, a su criterio dicha distinción le correspondía a otro Brasileño, Garrincha, de quien elogiaba su endiablado quiebre a la derecha y del cual explicaba que era tan bueno porque era “cascorbo”. Ese último domingo en el que Chalo acompaño a su padre a la cancha de gallos, no puede contarse como buen recuerdo, porque el haberle arrancado las plumas al gallo al levantarlo le merecieron una buena puteada y un par de coscorrones, el tratar bien a los gallos a la hora de levantarlos teniendo el cuidado suficiente para no dañarles las plumas de la cola es una conducta que Chalo aprendió ese día y no solo repitió por el resto de su vida sino que también exigió de cualquiera que fuera su ayudante a la hora de llevar a las “loras” al palenque, no serán pocos los cipotes que encargados de esa tarea, al maltratar un gallo sufra de la respectiva puteada y el par de coscorrones que les destinara Chalo en su edad Adulta, y que ese domingo a los siete años recibió de su padre, el mayor Napoleón Sigüenza, quien no podía imaginarse, como tampoco lo hacia su hijo, que ese era precisamente el último domingo que se apersonaba a la cancha de gallos.
El Último Domingo.
- A la puta! Que te gustaría que te arrancaran los pelos de la cabeza, al animalito hay que tratarlo con cuidado
Airado había reprimido a su hijo el mayor Sigüenza porque aquel al levantar a uno de los gallos de pelea del militar lo tomo por la cola de manera tan brusca que le arranco dos plumas de la misma, Chalo recordaría ese último domingo que acompaño al mayor a la cancha de gallos ayudándole a cargar con dichos animales; la pelea de gallos para quien nunca ha tenido la suerte de presenciar una, consiste en soltar dos gallos en un ruedo demarcado por tablones de un metro de altura con aproximadamente cinco metros de diámetro y piso de polvo, los gallos para quien no está consciente de esto nacieron para pelear, cuando alcanzan la madures abandonan los juegos propios de pollos y la tan sola presencia de otro macho impulsa su instinto a la pelea a muerte, hay quien tiene la idea de que son los hombres quienes los entrenan con el fin de convertir en maquinas de guerra a los de otra manera mansos seres, nada más alejado de la realidad para quienes sinceramente parecen ser hijos propios del dios Marte, la realidad pugilística de estas criaturas se demuestra de manera aun más clara al ver incluso gallinas peleando entre ellas en no pocas ocasiones; la pelea a la que Chalo acompaña a su padre es propia de los domingos por la tarde en San Miguel y el mayor Sigüenza es regular del selecto grupo de varones que atienden esta cita dominical, Chalo es el ayudante de su padre en estos menesteres desde los cinco años por designación directa del mismo, el mayor no imagina ni imagino nunca que el niño de hecho acude religiosamente al improvisado palenque desde antes de cumplir los cuatro, pues desde siempre le intrigo que haría el padre los domingos con los machos de las gallinas envueltos en petates amarrados en los dos extremos por una pita de cáñamo que hace las veces de cabestrillo para hacer más fácil el cargar a las aves cual si en lugar de una de estas se llevara un maletín, Chalo acude en una de esas ocasiones empujado por la curiosidad persiguiendo al mayor al palenque y lo que ve ahí lo emociona, se da cuenta de que los gallos sirven más que para machucar gallinas, que también pelean, al crio le atrae el baile que se produce de la pelea y encuentra a los animales muy “hombres” pues no se ahuevan a la hora de topar entre ellos; desde ese día, Chalo se convierte en fanático de la pelea de gallos y dicho gusto le durara toda la vida.
Cuando el mayor Sigüenza le comunica a su hijo un domingo cualquiera que ese día le acompañara al palenque porque ha decidido llevar cuatro “loras” y solo tiene tres petates, al niño se le ilumina la cara, en si Chalo tendrá buenos recuerdos de su padre, ese primer domingo que le acompaña a la pelea de gallos, las veces que el mayor le abrazaba y le daba mordiscos cariñosos en las orejas y cuando le miraba orgulloso jugar futbol frente a su casa en partidos de barrio donde Chalo se cansaba de meter goles con ambas piernas, nunca entendió Chalo el porqué algunos futbolistas solo son capaces de pegarle al balón de manera correcta con una de sus piernas, para el que es ambidiestro, el golpeo de balón con ambas piernas es lo más fácil del mundo y cuando lo explicaba a alguien que no era capaz de hacerlo simplemente decía, “hace con la pata mala, lo que haces con la pata buena” y le pegaba a una pelota imaginaria con ambas de sus dotadas piernas, de hecho Chalo nunca pensó en los jugadores que solo eran capaces de usar una de sus piernas como buenos futbolistas, este criterio lo mantendrá toda la vida al punto que muchos años después cuando haciendo uso de la maravilla de la televisión contemplo a Maradona se refería a este como “un enano